CUENTOS EN FUGA


La dulce espera
Todo comenzó el jueves muy temprano. A las seis y treinta me despertó el teléfono. Se me antojó que su timbrazo era el ulular de una sirena. Enfurruñada pensé ¿ Quién se atreve a molestarme a estas horas justamente en mi día libre? Levanté el tubo y lancé un “Holaaa” digno de una película de terror o de un cuento de Allan Poe, lo que prefieran. Pero era Ercilia y digo “pero” porque Ercilia es mi mejor amiga. Me dijo:

-Pelu (así me llaman mis íntimos) ¡ Necesito que me ayudes! Llegó el momento, ya sabés, hoy es el día y nuestro auto no funciona ¿Podés creerlo? ¡Justo hoy! ¿ Podrías venir a buscarnos en el tuyo?-
-Voy volando- le dije. Tiré las sábanas, me enfundé unos jeans que ya había apartado para lavar (descubrí eso mucho más tarde) y con una camisa cualquiera a los veinte minutos estaba tocando la bocina frente a la casa de Ercilia y Miguel.

Es que ellos ...¡ Están esperando un bebé! ¡ Después de diez años de matrimonio! ¿Se imaginan? Diez años de deambular por pasillos y consultorios, de exámenes médicos interminables, de llevar a cuestas tantas ilusiones frustradas y ahora... una nueva esperanza.
Me esperaban abrazados. Miguel, cargaba un bolso. Se acomodaron en el asiento de atrás. Tiesos, casi rígidos, con las manos entrelazadas y los ojos fijos en una rara mezcla de felicidad, expectación y temor.

-¿Saben el sexo?- Pregunté mientras conducía
-No- dijeron a coro
-Mejor, a Betina el médico le dijo que sería una nena, preparó todo el ajuar rosado y nació un varón! ¿ Se imaginan? Que a una nena de vez en cuando le pongan algo celeste, pasa ¡Pero a un varón vestirlo de rosado! ¡Tuvo que guardar al ajuar completo! Claro que en el caso de ustedes, no tiene por que ser igual...-

Como mi elocuencia no era correspondida decidí callar.
Cuando llegamos, intentaron despedirme agradecidos pero les dije:

-No, yo espero noticias aquí en el auto, estaré alerta por cualquier cosa que necesiten, algo de la farmacia para el bebé o lo que sea, no importa el tiempo...-

A Uds puede parecerles exagerado mi ofrecimiento, pero ya les dije:
Ercilia es mi mejor amiga, estaba pasando un momento muy especial de su vida. Además, era mi día libre. Crucé al kiosco de la esquina, compré unas revistas y me dispuse a esperar.
Más o menos una hora después, Miguel, nervioso y emocionado, apareció frente a la ventanilla del auto.

-¡ Es una nena!- me dijo en un susurro contenido que en realidad quería ser un grito. Y añadió:
- ¡ Es preciosa!-

Percibí un movimiento en mis mandíbulas, más la voz, prisionera de emociones, palpitó doliéndome hacia adentro.
Sólo atiné a apretarle la mano muy fuerte. Nos miramos como a través de un cristal empañado. Me soltó de pronto y de dos zancadas se alejó rápidamente.

Media hora después, con las revistas tiradas en algún rincón y mis ojos fijos en la puerta, los vi... Miguel, Ercilia y en brazos de ambos...el bebé. Los tres hechos un ovillo de ternura acercándose lentamente. Abrí las puertas del auto y observé la beba que balbuceaba. Era bellísima. No quise quebrar con mi voz esa burbuja de amor.

Suavemente, puse en marcha el motor y despacito, despacito, fuimos dejando atrás...
La Casa de Adopción de Niños Huérfanos y Desamparados.

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