HASTA QUE ARDAN LAS VELAS


Narrativa excepcional en "Hasta que ardan las velas"

Luego de varios años de ausencia en cuanto a la crítica literaria, Roque Vallejos escribe sobre el libro de cuentos de Neida Bonnet de Mendonça las siguientes reflexiones.

Mi retorno a la crítica como género literario se volvía imperioso dado que la estimativa estética se fue transformando en un ejercicio banal y concesivo. La genialidad como maná celestial (pleonasmo) se había convertido en levadura de muchos de nuestros creadores. Todo resultaba sublime, inigualable, maravilloso y otras zarandajas.
Con esta prevención leí la reciente obra de Neida B. de Mendonça, "Hasta que ardan las velas", prologada por la estudiosa Rosalba Dendia, quien conoce su oficio, y que luego de apoyarse en basales escrutinios analíticos, dice como colofón: "Desde esta silla visualizo el océano y me estremecen sus olas. Hay en ellas tanta energía, tantas vibraciones, tantos nutrientes para el cuerpo y para el alma... Esta es la semblanza que producen en mí las narraciones de Neida...". Ante tal indiferencia traté de afilar el escalpelo para una exégesis "hecha con el metro".

Encontré hallazgos verbales, soluciones literarias a problemas que de suyo plantea todo texto (recomendación de Rubén Darío). Cito algunos hallazgos: "los recuerdos no se eligen", "me acordé de olvidar"; "Estaba yo clara, diáfana, de puro blanco y almidón... Alcancé a verme mínima, mansa; no obstante, sin esfuerzos levanté la cabeza (como) hasta hoy". "Es una noche tierna, la ilumino con luces dulces para alumbrar rostros amargos...", "bajo un escándalo de estrellas", etcétera.

Bertrand Russell habló sobre la mayor aquiescencia de los "valores intrínsecos" sobre las normas de conducta, intuyendo que ello depende de la tesitura de la persona (puede hacerse extensivo a los personajes), dado que no todo bien da placer, así como tampoco la producción de dolor deviene en necesaria desafección. Un egosintónico está siempre satisfecho de lo que hace. Un egodistónico está mal aunque haga el bien. Entre las figuras que maneja todo escritor genuino fulguran la silepsis de género, la catecresis, la ruptura de la expectativa sicológica, la aliteración, el oxímoron, etcétera. Estas figuras están lejos de ser una elección reflexiva de las palabras, sino constituyen subitáneas y emergentes del potencial irrealizante de la imaginación. En cuento a su vertiente filosófica aparece el tiempo vital con una sucesión de latidos en vez de minutos, como apoyando las hipótesis "revolutiva" de la no existencia física del tiempo de José María Rivarola Matto, elogiada por la alta tratadista Hilda Grand Ruiz.

"Hasta que ardan las velas", de Neida B. de Mendonça, es un texto de narrativa excepcional, señala finalmente Roque Vallejos quien es académico correspondiente de la Real Academia Española.

abc, domingo, 09 de Octubre de 2005

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